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La Sorprendente Gracia de Dios

Yo era un borrachón que vivía en toda clase de vicio e inmoralidad. Comencé a beber a temprana edad. Tomaba sorbitos de Whisky, pero terminé bebiendo de una lata de cinco galones. Ya que no tuvimos ninguna clase de disciplina cristiana ni un hogar apropiado, mis hermanos y yo nos criamos como animales salvajes. Satanás, quien es el príncipe de este mundo, me había cegado los ojos por lo cual vivía una vida impía, miserable y egoísta sin saber que la senda ancha de la vida lleva a la destrucción, pues
`hay caminos que parecen derechos al hombre, pero su fin es camino de muerte”

A la edad de 31 años mi vida de pecado llegó a su clímax. Cierta noche regresé a mi casa totalmente borracho y tuve una discusión con la gente con quien vivía. Al ser amenazado por ellos, sentí pánico. El Diablo, quien viene a ‘robar, matar y destruir”, me dijo que matara a estas cuatro personas con mi pistola calibre .38. Después de dispararles el diablo me dijo que me matara, así que, me disparé cinco tiros: dos en el estómago, uno en cada pulmón y uno en la cabeza.

De momento, un resplandor de luz brilló alrededor de mí y escuché un viento recio que venía hacia mí. El Espíritu de Dios me mostró, como en una pantalla de televisión, todos mis pecados aun desde mi más temprana niñez. Supe que era un pecador camino al inferno—la paga del pecado es muerte. Podía sentir el fuego del infierno ardiendo en mi alma. Entonces Él me dijo: ‘Todo aquel que invocare el Nombre del Señor será sarro.’` Teniendo la pistola aun en mi mano y la sangre chorreando de mi cuerpo, me tambaleé en la noche gritando tan alto como podía—Señor Jesús sálvame!’

Algo extraordinario comenzó a pasar y pude entender que se estaba librando una batalla entre los ángeles de Dios y los espíritus malignos. El Espíritu de Dios vino sobre mí como un fuego ardiente echando fuera todos los espíritus inmundos de alcohol, adulterio, de fumar, blasfemias, etc. La Sangre de Cristo me lavó de todos estos pecados y gran gozo y paz inundaron mi alma. (Esto es nacer de nuevo como hijo de Dios para no volver jamás a ser cautivo por el poder de Satanás.) Entonces fui lleno del Espíritu Santo y comencé a alabar a Dios en un nuevo lenguaje que nunca había oído.

A causa de las heridas que tenía no pude andar más y caí sobre unas vías de tren. Continuaba perdiendo sangre y mi cuerpo se estaba enfriando cuando vi un tren bajando por las vías. El diablo quería matarme pero clamé al Señor. En forma milagrosa un policía vino y con sus movimientos hizo que parara el tren. Este policía me ofreció un cigarrillo pero ahora me parecía algo inmundo. Dios me había dado una vida nueva. ¡Cuán asombrosa es la gracia de Dios!

Después que nos llevaron al hospital todos los esfuerzos por salvar nuestras vidas fracasaron y decidieron dejarnos a morir. No obstante, Dios envió algunos cristianos a orar por nosotros y los cinco fuimos sanados instantáneamente. Jesús es el Sanador del cuerpo así como del alma. ‘Y con la palabra echó fuera a los demonios y sano a todos los enfermos…’ y ‘…por cuya herida fuisteis sanados’7. Los caminos de Dios sobrepasan el entendimiento y son perfectos. Si Él cuida de las aves, cuanto más de los que le buscan a Él.

Jesucristo vino a ser mi Salvador, mi Sanador y pronto sería también, mi  “Abogado”. El día de mi juicio estaba en pie ante el juez sin defensa alguna. Aunque todo estaba en contra mía Dios le tocó el corazón al juez y me sentenció a solo 20 años. Estuve tras los barrotes de la prisión, pero mi alma era tan libre como un pajarillo ya que Dios me había transformado maravillosamente. ‘Todo aquel que me hace pecado, esclavo es del pecado. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.’8

Un gran anhelo de saber más acerca de Jesús llenó mi alma y oré al Señor para que me ayudara durante este tiempo en la prisión. Al entrar en mi celda por primera vez, el Espíritu Santo me dijo que mirara debajo de mi cama. Para mi sorpresa mía, encontré una Biblia nueva. ¡Aleluya! El único problema era que yo nunca había aprendido a leer; pero Dios, quien hace todo bien, comenzó a enseñarme día a día.

Mientras leía la Biblia, encontré que Saulo, un fariseo judío, también había tenido una conversión notable. El, al igual que muchas personas hoy en día, no creía que Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías. Por lo tanto, en su celo religioso persiguió y mató a muchos cristianos de su época.9 Pero Dios, en Su misericordia, pudo aun salvar a un hombre así. También leí que tres días después de su conversión, Saulo (conocido como Pablo) fue bautizado en agua y entonces Dios le llenó del Espíritu Santo. Yo entonces me di cuenta que me faltaba esta experiencia, y obedecí al Señor en el bautismo en agua por inmersión a la primera oportunidad que tuve.

Estando en la prisión escuchaba muchos programas radiales religiosos y les escribía pidiendo cursos. Al estudiar esta literatura sólo me confundía más y más. Fue entonces que Dios me dijo que destruyera todos esos libres ya que El mismo me enseñaría Su palabra—La Biblia. ‘Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad’, y ‘no tenéis necesidad de que nadie os enseñe…la unción misma os enseña todas las cosas…’10La Palabra de Dios vino a ser mi deleite día y noche. Siendo mi única fuente de consuelo, fortaleza y guianza, la Palabra me capacitó para vivir una vida santa y victoriosa todos los años que estuve en la cárcel.

Siendo constreñido por el amor de Cristo, un grupo de presos cristianos y yo comenzamos a testificar, a enseñar la Biblia y a orar por los enfermos. Tuvimos mucha persecución y en ocasiones nuestras vidas se vieron amenazadas. Aun así continuamos exaltando y glorificando el nombre de Jesucristo.

Finalmente después de unos 13 años, por causa de buena conducta, fui puesto en libertad. De igual manera como Pedro fue guiado hacia un grupo de cristianos que oraban, al salir de la cárcel el Señor me llevó a un grupo de Sus santos quienes lo habían dejado todo para servirle.12. Después de un corto tiempo, le dediqué mi vida entera a Aquel que se dio a sí mismo en la Cruz por mí. A menudo me he preguntado a mí mismo, ‘¿Por qué Dios escogería a alguien tan insignificante como yo para su servicio? ‘…Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia’13 ¡Ciertamente Su Palabra se ha cumplido!

Amigo, si Dios pudo salvar a un pecador como yo, Él puede salvar usted—Él puede salvar a cualquiera. La sangre que Jesús derramó en la cruz por los pecados del mundo es aun ponderosa para limpiar, libertar y salvar a cualquier pecador que venga a Él en sinceridad. ¿Por qué no rinde su vida a Jesús hoy? ¡Cristo viene pronto! Él puede ayudarle a vivir una vida santa y victoriosa a fin de estar listo para ese día.

Si aún el ámbito de la naturaleza posesión mía fuera
Muy pequeño sería delante de Él como ofrenda.
Su amor es tan divino, realmente una maravilla.
Demanda completamente mi alma, mi todo, mi vida.

Salvado para servir, Samuel Drain

Oración: Padre, me arrepiento de todos mis pecados (confiese sus pecados en detalle). Perdóname y límpiame con la sangre de tu Hijo, Jesucristo. Séllame con tu Espíritu Santo y prepárame para la venida de Cristo; en el nombre de Jesús. ¡Gracias Señor! Amen.

Referencias Bíblicas: ‘Prov. 14:12; ‘Juan 10:10; Rom. 6:23; 4Rom. 10:9-13; Juan 3:3-­5; “1 Hch. 2:1-4; I Cor. 14:2, 14-18; ‘Mat. 8:16,17; I Ped. 2:24; Juan 8:34,36; 9Hch. 9:1-20; Juan l6:13; I Juan 2:27; Hch. 12:1-17; 9 Lc. 14:26-33; I Cor 1:26-29

Para saber más, escríbenos a: contact@sweethourofprayer.net

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The Amazing Grace of God