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Rescued from Darkness to Light

Nací en Suiza y más tarde emigré a Canadá. Desde muy joven tenía un intenso deseo de conocer la verdad, pero las escuelas locales e iglesias no me ayudaron en nada. Finalmente decidí para el resto de mi vida en buscar la verdad y el verdadero significado de la vida. Me salí del cristianismo nominal y me sumergí en diferentes cultos como teosofía, filosofía, psicología, ciencias ocultas, metafísica, teoría evolutiva, doctrinas esotéricas etc., en las cuales esperé alcanzar la respuesta a mi búsqueda. Después de años de intensos estudios, fui profesor de filosofía y religiones, primeramente en Canadá, después en Nueva Zelanda y Australia. No completamente satisfecho de aprender de los libros y no directamente de los mismos maestros, decidí ir a Ceilán e India a sentarme a los pies de los hombres más santos del oriente.

En Ceilán, me dediqué totalmente, con gran expectación al budismo. Estudié con devoción sus libros, viví en sus monasterios “cuando aún eran llamados Viharas”, adopté su estilo de vida y más tarde fui ordenado como sacerdote budista. Viví en sus templos con sus hombres santos, y eso me dio la oportunidad ampliamente, no sólo de aprender de ellos, sino de examinar su vida de cerca. Me desalenté cada vez más al darme cuenta que si continuaba con el budismo no iba a poder salir de la desesperación, pecados y miserias que vi en la vida de ellos. El budismo niega la existencia de un Dios supremo, enseñando que uno mismo es la suprema existencia. Y descubrí que tanto yo y ellos con su gran líder no éramos nada y no tenía nada que me podría elevar al tipo de vida que tanto deseaba. Entonces decidí dirigirme al hinduismo.

En India y Tibet, busqué sus famosos yogas, sadhus y gurús. Esos hombres tienen fama de tener poderes sobrenaturales, luz espiritual y gran sabiduría, y de ser capaces de ejecutar proezas sobrenaturales. Creí que aprendiendo personalmente de esos maestros iba a recibir la transmisión espontánea de poderes místicos, luz y sabiduría. Por muchos años vague por toda la India y parte del Tibet, dedicado muchos años en los lugares altos de las montañas del Himalaya.

Conocí a sus más famosos yogas, swamies, sadhus, gurús, y sacerdotes hindúes “llamados pandits”. Me identifiqué de lleno como uno de ellos viviendo en sus templos, monasterios y cuevas. Dejé crecer mis cabellos y mi barba y vestí solamente una túnica y me convertí en uno de ellos, y eso me dio acceso a entrar a sus templos más sagrados como Richikesh, Hardward, Badrinath, Kardanath, Rameshwaram, Pomicherry, etc., fui bienvenido en los hogares de los Brahamas y los hindúes devotos de todas las castas. Aprendí directamente de os grandes maestros, preguntándoles y observando sus vidas. Con entusiasmo practiqué todas sus disciplinas de yogas, meditación, trascendental, los cuales me traerían luz espiritual, una conciencia divina y la realización de un verdadero yo. Yo esperaba encontrar la respuesta a todas estas cosas, pero para mi desilusión, en vez de ser iluminado me encontré en grandes profundidades de tinieblas. Para mi horror me di cuenta que estaba lleno de sabiduría diabólica en vez de iluminación espiritual. En vez de recibir poder espiritual, estaba bajo el poder de los espíritus inmundos. A primera vista, esos grandes maestros produjeron una favorable impresión, pero cuando fui  conociéndoles más íntimamente, me di cuenta que ellos mismos eran miserables y poseídos de demonios, y comprendí que estaba a punto de volverme como ellos.

Yo estaba desesperado. Me di cuenta que esos diez años de estricta dieta vegetariana, días completos y semanas de ayuno, dedicando horas completas y días de meditación en el bosque, recluyéndome en monasterios, templos o celdas hindúes, que todos mis esfuerzos, pugnas, estudios y sufrimientos—todo fue en vano, sin frutos. Todo mi vagar de un templo de adoración a otro, de un gurú a otro, todo me guió solamente a abismos profundos de tinieblas y desesperación. Así, mi larga búsqueda de la verdad había terminado en un fracaso sin esperanza.

Viendo por las apariencias, que no hay camino de vivir libre de pecados, y sin esperanza más allá de la muerte, perdí el interés en religiones y en la vida misma, ya que mis placeres y esperanzas habían sido destruidos. Mis esperanzas y mis planes se hicieron pedazos. Yo estaba fatigado, disgustado y amargado en todas las cosas, yo quería terminar con mi vida. En ese estado, vagué a la ventura de un desierto en el sur de la India. Mentalmente y físicamente yo era igual que el desierto a mí alrededor: seco, vacío, desierto, y estaba a punto de morir debido al hambre y a la sed. El hombre piensa su camino, pero Dios endereza sus pasos. Desconocido para mí, el Salvador, quien vino a sanar y salvar lo que estaba perdido, me estaba siguiendo todo ese tiempo. El esperó a que llegara a lo último de mis esfuerzos y razonamientos, justo para obedecer Su voz. De repente escuché una voz del cielo diciéndome: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Nunca antes ninguna voz o palabras han tenido tal efecto en mi vida como éstas. Era el Señor Jesús que me había hablado, e inmediatamente le acepte como mi Salvador y rendí mi vida el cual es difícil de describir.

Una carga pesada salió de mí, y mi corazón se inundó de paz y alegría. Supe que mis pecados fueron perdonados. Me sentí que salí de las tinieblas del infierno a la clara y maravillosa luz celestial, de la esclavitud del pecado a la libertad maravillosa como un hijo de Dios.

Inmediatamente después que sentí esta gloriosa experiencia el Señor maravillosamente me guió a un grupo de cristianos en Madrás “India”. Al principio vacilé en tener contacto con ellos, porque desde hacía tiempo vi el vacío del cristianismo nominal. Pero descubrí que esos cristianos eran diferentes. Ellos estaban viviendo de acuerdo a la vida y enseñanzas de Cristo y sus Apóstoles como los cristianos del primer siglo. El amor, humildad, santidad y vida desinteresada de Jesús que vi en ellos, alegría y unidad, hicieron una gran impresión en mí. Me invitaron a sus convenciones donde se reunían más de doce mil personas. Allí fui testigo de grandes milagros hechos en sus medios con el poder de sanidad de Cristo como está escrito en la Biblia. Cristo fue revelado para mí como el verdadero Dios viviente, cuando vi sanar a muchos ciegos, sordos, mutilados, paralíticos y otras enfermedades incurables “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (I Corintios 4:20). Cuando vi que dos niños (mellizos) nacidos sin ojos, de un año de edad recibieron ojos nuevos con visión perfecta, todas mis dudas e incredulidad desaparecieron acerca de la Palabra viva de Dios. Yo mismo experimenté el poder de Dios en mi propio cuerpo, cuando fueron sanados instantáneamente la sordera de uno de mis oídos y una hernia que tenía desde hacía 20 años. Comprendí que Jesús es el mismo ayer, hoy y por la eternidad (Hebreos 13:8).

Estando convencido, sin dudas, que la Biblia es la Palabra de Dios, obedecí en bautismo en agua siendo así enterrado en la muerte de Jesucristo (Romanos 6:3-6). Saliendo del agua, note que mi mente se libró de la memoria de todas las enseñanzas y estudios previstos, en los cuales fui absorbido por muchos años, y tuve la dicha de sentarme a los pies de Jesús y aprender de Él. Yo deseaba ser como Él. Encontré que Él era más de lo que yo deseaba y buscaba. Pronto aprendí que era algo más ser un discípulo de Jesús que simplemente aprender de Él. Él quería llenarme con el Espíritu Santo de Dios. Yo busqué por la experiencia llamada el Bautismo del Espíritu Santo diligentemente, y Él me llenó con su amor y poder, Él hizo de mi cuerpo mortal Su templo, y comencé a adorarle y alabarle en nuevas lenguas. Esa experiencia me dio poder de testificar y de ganar almas para El, y de interceder por las multitudes, y Él empezó Su gran obra de santificación en mi vida (Hechos 1:8; Romanos 8:26,27; 1Corintios 3:18; 2Tesalonicenses 2:13). El amor de Cristo me constriñó a dejar todo y consagrar mi vida como sus apóstoles (Lucas 14:26,27-33; Hechos 2:44-46; 4:32-35). Ahora mi deseo es predicar este glorioso Evangelio de Cristo, y ayudar a presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre (Filipenses 3:7-14; Colosenses 1:27,28). El deseo de mi corazón y oración a Dios es que este testimonio ayude a otros a venir al conocimiento de la Luz Verdadera, nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

Arnold Moser

Oración: Padre, me arrepiento de todos mis pecados (confiese sus pecados en detalle). Perdóname y límpiame con la sangre de tu Hijo, Jesucristo. Séllame con tu Espíritu Santo y prepárame para la venida de Cristo; en el nombre de Jesús. ¡Gracias Señor! ¡Amén!

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